No quiero ni me hacen falta alas en las cicatrices, como dice la canción de Mikel Erentxun. No.
Yo las alas las tengo de serie y con ellas he remontado siempre el vuelo, a pesar de las cicatrices o prescindiendo de ellas. Porque desde el cielo, la visión de lo que está en la tierra es más nítida, más amplia: justo lo que yo necesito: ver el mundo a 360°.
Y han crecido conmigo a lo largo de mi vida hasta llegar a competir con las del cóndor.
Mis alas son mi fuerza interior, mi voluntad inquebrantable de volar siempre, a través de las nubes de tormenta, deslizándome en los arco iris, planeando mecida por la suave brisa, azotada por los vientos del norte.
En algunas ocasiones dejo mis alas plegadas, en reposo, quietas. Pero lo cierto es que pocas veces porque ellas en seguida aletean, se agitan, me arrastran hacia arriba.
Yo nací para volar, yo nací con estas alas y nadie podrá jamás cortármelas. Sólo yo lo hice a veces por un malentendido concepto de la fidelidad o de una empatía no correspondida. De los errores se aprende. Y por suerte, crecieron de nuevo fortificadas.
Y ahora mis ganas de volar son más grandes que nunca. Y los cielos que surcar, infinitos. Y de mis alas han desaparecido las cicatrices.
4 settembre'17 - IBONE
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